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WILD OAT ESSENCE: De sentirse perdido a confiar plenamente

Dejarse llevar…

 

“…Emprenderás un largo viaje ¿sabes? -me dijo aquella sabia viejecita-, un viaje que te llevará hasta el final de tus días. Un nuevo viaje, precioso. Ya has crecido mi niña y vas a descubrir rincones maravillosos que nunca pensaste que existirían. Puedo intuir la serenidad que está desplegando tu alma…

Contemplo las arrugas de su cara mientras su mirada azulada, profunda y certera penetra fuertemente en mi, un largo viaje -murmuraba mientras asentaba lentamente con la cabeza-.

Sus manos recorrían mi cuerpo, no sé muy bien lo que hacía aunque tampoco me lo pregunté nunca. Acudía a su consulta porque me funcionaba, sin preguntar nada, sin cuestionarme que técnica utilizaba ni que sucedía allí dentro para que yo me encontrara tan bien cada vez que salía de su casa.

Hay cosas que no hace falta entenderlas -me decía a mi misma en silencio-, simplemente son. Como la vida… ¿Hace falta entender la vida? ¿O simplemente hay que sentirla y vivirla?. Creo que la respuesta me vino sola.

En estos momentos estaba pasando una crisis profunda, bendita crisis -dicen algunos-, yo no se si es bendita o no, el caso es que estoy “fuera de la zona de confort” -odio esta frase-, y me encuentro fatal. Había dejado mi trabajo -doce años de éxito, reconocimiento y dinero-, para embarcarme en mi propia experiencia laboral. Está claro que estaba viviendo un duelo, dicen que cuando es voluntario es más llevadero, pero a mi me parecía igual de horrible, al fin y al cabo, es un duelo.

Al inconsciente le da igual dejar o ser dejado, el conflicto es el mismo. Todo lo que queráis -pensaba yo-…

Volví a mi camilla de masaje, por llamarle de alguna manera -no a la camilla, sino a lo que ella me estaba haciendo-, y mientras me concentraba en sentir el presente sucedió algo que nunca antes había sucedido.

 

Sentí una descarga eléctrica desde mi cabeza que bajó apresuradamente, como si de dos ruedas de coche descendiendo por mi cuerpo se tratará, hasta llegar a la punta de mis pies.

 

Estremecedor. Entré en un estado de paz y reconexión con mi cuerpo y al instante todo quedó en calma. Muy parecida a la del silencio después de una tormenta.
Y ahí como en medio de un cuento, empecé mi viaje…Visualicé a una indígena , la imagen de la típica mujer Tahitiana. Estaba de espaldas, intuí que era algo mayor aunque su pelo permanecía largo, negro, lacio y precioso. Llevaba una gran flor encima de una de sus orejas, despejando su larga melena y rozándole el rostro. Estaba en una canoa, paciente y calmada observaba su viaje.
Entrecruzaba sus manos encima de su regazo mientras esbozaba una placentera sonrisa que iluminaba todo su rostro y la llenaba de un halo casi angelical. Todo a su alrededor desprendía olor a vida. Estaba navegando y simplemente observaba, sin juzgar.

Observaba un mundo a su alrededor y todo era…como tenía que ser. Ni bien ni mal, ni bueno ni malo, ni catastrófico ni exitoso. Era. Simplemente era.

Ese estado de paz la llevaba a disfrutar de su largo recorrido. Confiando de pleno en la vida. Ya había dejado su puerto y ni tan siquiera le hacía falta mirar atrás. Una seguridad apabullante la invadía de arriba abajo consciente del presente que estaba viviendo. Le quedaba un largo camino sí.
Había emprendido el viaje en aquella canoa sabiendo que ése era su destino, que esa ruta la acompañaría hasta el final de sus días, desde la calma de sentir la vida desde sus entrañas.
El camino se dibujaba a lo lejos, había mucho por ver. Mientras, la luz del puerto de destino se intuía muy tenue y muy…muy lejos todavía.

Dejo que descanses un rato -oigo de fondo-, me di cuenta que seguía tumbada en la camilla. Bostecé incapaz de abrir mis ojos y en ese momento sentí que algo realmente había pasado.

Esa descarga eléctrica que percibí, había hecho que mi cuerpo se conectara a un estado sensorial mucho más elevado que mi estado habitual, suficientemente sensitivo como para no poder ponerle palabras.

 

Sentí realmente la confianza de la vida. Sentí como la vida cuida de ti hasta el último suspiro, hasta el momento de emprender ese «otro gran viaje», o al menos así lo llamaba ella…”

 

Tratamiento Floral:

Muchas veces en la vida nos sentimos perdidos, nerviosos, exhaustos. Nada es como habíamos soñado. Nos desesperamos ante lo que pueda venir o ante lo desconocido. Anteponemos al futuro experiencias pasadas que lo único que consiguen es enmascarar nuestros días y la posibilidad de un nuevo futuro prometedor. Y entonces la vida nos envía una señal, en forma de amigo, de sueño o de reencuentro con alguien que una vez fue imprescindible para tu evolución y la vida vuelve a colocártelo delante para que confíes, te dejes llevar y te des cuenta que la vida siempre ha estado allí, a nuestro servicio.

¿Seremos nosotros que no sabemos disponerla?

El estado Wild oat desarmonizado nos muestras las dudas que tenemos ante el camino correcto en la vida o la búsqueda por no haber encontrado todavía su lugar entre otros. la toma de Wild oat fomenta que la persona encuentre sentido y significado a las cosas que hace. Ayuda a profundizar en las experiencias y a sentir el camino del alma.

Gisella Gil

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