AGRIMONY ESSENCE: Cuando la tortura mental se hace insostenible

El camino hacia la paz…

 

“El vacío que sentía en medio de mi alma, era de una intensidad que superaba mi poder como ser humano o al menos así lo vivía yo…

Eran las 3:25 a.m, y como venía siendo de costumbre últimamente, no podía dormir. Ese vacío convertido en tortura mental me invadía desde hacía tiempo. Un sonido estridente y agotador amartillaba mi mente día y noche. ¿Quieres vivir? -me preguntó Miquel en la sesión del día siguiente-, lo miré fijamente a los ojos, mientras ese tormento hablaba por mi -no quiero vivir, escuchaba por dentro, como si de otra persona se tratara, no si eso significa vivir sin volver acariciar esos momentos que tantas veces la vida me había regalado, no si ese vacío seguirá acompañándome siempre, no si vivir es respirar sintiendo un aliento impregnado de dolor y cansancio-, ¿Quieres vivir? -escuché de nuevo-, mi mirada nublada se perdía en el horizonte mientras él esperaba paciente una respuesta y yo…intentaba convencerme de un sí sin poder responderle.

Di que si, dile que quieres vivir – escuchaba que me decía otra vocecita-, pero había algo en mi que se resistía. Bajé la mirada y me eché a llorar.

Días después un sabio me dijo: “ El que decide no seguir en este mundo, en realidad no se quiere marchar, lo que quiere es dejar de sufrir”

Me quedé atónita al escuchar estas palabras que resonaban en mi como un credo. Al poco de oír eso apareció la respuesta en mi: Sí. Quiero vivir…sin ésta tortura mental si.

Es horroroso sentir como día y noche me aturdían el cerebro, la mente y la cabeza cientos de miles de grillos, arañas, hormigas, recubriéndola por dentro, llenándola de dolor, temor, pánico y sufrimiento. Mi cuerpo vivía a merced de los delirios de mi mente. Toda yo vivía robotizada, como si se tratara de la prolongación de un artilugio diseñado para sufrir y solo me movilizara para sentir dolor. El pecho me oprimía de tal manera, que me costaba respirar a su vez que todas las enfermedades posibles recorrían mi mente. Diseñé un entierro, me despedí de mi misma muchas veces. Esperaba atenta el momento, el minuto en que me desplomara en el suelo muerta y alguien quizá muchos días después encontrara mi cadaver, en pleno estado de putrefacción.

Ansío esos momentos en que mi vida era “mi vida”. Esa tan mía, tan yo…feliz, alegre, dinámica, llena de amor, de paz y de esperanza para quienes me rodeaban. Ansío tantas veces lo que creo que ya no soy, que me he quedado atrapada en la tela de araña de mis pensamientos y me he dejado adueñar por ellos llegando a creer que ellos son yo.

He perdido la cuerda, solté el ancla y ahora voy a la deriva de una mar de sollozos, temor, tormenta, penuria y sufrimiento. Cada vez que miro el horizonte veo más lejos aquella vida que mi niña un día diseñó…Veo alejarme de esa orilla de paz y seguridad que tantos años me acompañó…

Mis lágrimas rodaban por mis mejillas, no puedo seguir así-me dije-, tengo que hacer algo. No voy a tirar el regalo de vivir. Y así, en medio de la confusión que reinaba mi vida, caí dormida.

Pon rumbo a tu vida -oí en ese momento-, te crees que has soltado el timón y no te das cuenta que lo que te está matando es esa obsesión por agarrarlo. Crees que has soltado la cuerda pero la mantienes agarrada a ti, por miedo a lo que pueda venir. Te aferras a tu pasado porque te aterra confiar en la vida. Miras la orilla que dejaste, para no virar y mirar hacía adelante y sigues creyendo que tu mundo termina allí donde quedó ese capitulo y la tortura que eso supone no te deja abrir los ojos para respirar, sentir, vivir y…soltar.

Soltar las riendas para mirar hacia adelante, levantar el ancla de los patrones viejos de pensamiento, de las estructuras antiguas que sin ningún sentido siguen ahí como restos de edificios en ruinas, pretendiendo recordar que un día fueron importantes, reinaron en ti y le dieron sentido a tu existencia…

Redirecciona la mirada ya que seguir mirando el edificio en ruinas no te permite ver el camino que está justo al lado de él y recuerda: vivir no es olvidar y menos dejar de querer…

Después de ese sueño, volví a ver a Miquel, no puedo-le dije-, es superior a mi. Te estás identificando con la situación-me contestó-, y tu alma es mucho más que eso.”

 

Tratamiento Floral:

La estrella por excelencia en este acompañamiento floral es: AGRIMONY, para mi, un “must” denominado “el ansiolítico del sistema floral”, Agrimony nos acompaña en la tortura mental y física (posiblemente encubiertas bajo una máscara), sufrimiento, ansiedad y angustia, transformando emociones hacía el camino de la paz, evitando en muchos casos caer en adicciones por escapismo. Son grandes acompañantes de Agrimony: Holly-Cherry plum-Heather-White Chestnut-Sweet Chetsnut-Gorse entre otros (dependiendo del caso). Aquí podemos pensar en flores incluso como Honeysuckle-Walnut-Star B. o Chicory…trataremos en primer lugar la emoción principal, vale la pena tener en cuenta que uno no puede soltar fácilmente cuando se queda sin estructura, y así trabajar desde una linea más acorde con una “jerarquía” floral respetando “tempos” y emociones.


Sería recomendable tratar la “identificación” entre otros, éste es un concepto que deberíamos de ir “desterrando” de nuestras vidas, ya que solo nos aporta sufrimiento y pesar. La descodificación biológica es una herramienta muy eficaz para facilitar el proceso de “desidentificación”, liberar emociones estancadas y elevarnos para sentir el “vivir” desde un prisma más biológico.

 

 

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