ASPEN ESSENCE: De las influencias desconocidas a la confianza interior

El ego en armonía…

La búsqueda de la perfección me llevó a desarrollar personalidades forzadas, desviándome completamente de quién soy de verdad. La extrema perfección exterior me muestra mi fragilidad interior.

¿El miedo y la falta de confianza se apoderan tanto de mí que diseño un disfraz entorno al ego, simplemente, para mantenerme en vida?

¿El ego me mantiene viva? – Reiteré un tanto extrañada preguntándole a Josep-.

Sí -me dijo él-, esa es su función.

“Comentarios filosóficos y con tildes espirituales más lejos de la realidad nos encaran al ego para intentar derrotarlo y aniquilarlo en una lucha verdaderamente inútil ante su magnífica función: salvarte la vida.

Hay todo un equipo implicado: cerebro arcaico, ego, suprarrenales y glándulas cerebrales trabajan en conjunto desde el subconsciente para salvarte de un peligro (real o simbólico) que puede llevarte a la aniquilación. Por eso, ante ciertas situaciones desafiantes, se antepone la máscara egóica que lo único que intenta es salir como puede de situaciones límite. La función del ego es salvarte de la muerte en un mundo hostil. Pero… ¿Qué es aquello que te hace pensar que tu vida es hostil para que el ego reaccione?”

Claro… -murmuraba yo-,…

Si soy perfecto me admirarán y me querrán, si me quieren brillaré, si brillo seré reconocido, si soy reconocido me verán y si me ven mi mundo dejará de ser hostil y mi parte más arcaica interpretará que no estoy en peligro de muerte. Es así como mi ego callará!

“Trampa! -me contestó-, tu ego no va a callar porqué te va a mantener siempre en alerta. Bajo ese patrón vas a tener que dar siempre lo mejor de ti para seguir en el altar y ser visto. Eso hará explotar tus miedos para mantener activo tu ego y el día que ya no estés ahí arriba y caigas en el olvido volverás al punto de partida. Esa vez, posiblemente, ahogando tus penas en alcohol o drogas, en patrones obsesivos o amistades peligrosas, la toxicidad va estar presente en esos ciclos donde el ego va a seguir dirigiendo tu vida ya que tu punto de partida es: la necesidad y la carencia.

 

Es cuestión de hemisferios cerebrales -sigue diciendo-, queremos dejar de pensar pensando, queremos callar al ego gritándole que se calle y queremos olvidarnos del miedo y el dolor enmascarándolos bajo mensajes de proyección positiva y buen rollo.

Una bendita farsa que nos deja metidos en un bucle imposible de salir. Nos atrapa bajo mil disfraces haciéndonos creer que ya está, que lo tengo dominado, ahora hago yoga y medito y soy más espiritual que nunca… Pero el ego se ríe de tu espiritualidad y de tus posturas de yoga…

El ego es esa parte de nosotros que muestra nuestro “yo inferior”. Todos lo tenemos y todos vamos a morir con él. Nadie en el mundo, ni el mismísimo Dalai Lama, vive sin ego. Vive y convive con nosotros, esa es la clave. Es una parte de nosotros con la que no deberíamos identificarnos. Simplemente está ahí para servirnos cuando lo necesitemos, cuando sienta un peligro real o simbólico de hostilidad y aniquilación ahí estará para servirnos. ¿Cuál es el problema? Que se instala en nuestras vidas de manera inconsciente llevando las riendas para dirigirnos por donde quiere porque en realidad no sabemos quién somos.”

 

Sus palabras me dejaron atónita además de crear un enorme revuelo en mi interior.

 

Me acabas de desmontar mi gran castillo de naipes -le dije-.

Claro, ahora puedo sentirlo. Vivo instalada en el ego por miedo, un miedo irracional a morir, a no ser vista, a no ser reconocida…No sé quién soy porque jamás pude expresar mi propia naturaleza. Una madre de buenos modales, la educación por encima de todo, el quedar bien, una posición social y el qué dirán cuestionan ahora todos mis miedos e inseguridades. Mi madre tenía tanto miedo que lo ahogó en ansiolíticos toda la vida para poder vivir anestesiada y así no sentir el dolor que le provocaba integrar esas partes más oscuras que todos tenemos. Y así crecí. Hoy siento a mi personaje de buenas formas y grandes arrebatos de rabia y ego que disfraza el miedo real que me provoca no saber quién soy, cual es mi raza o qué es aquello que me conecta con mi parte más creativa, salvaje y vivaz.

Hoy he aprendido que las cepas silvestres de la Vid son cortadas, cuidadas y adoctrinadas para que den el mejor vino. Y lo dan. Pero esa no es su verdadera naturaleza. Ni ellas saben qué resultado saldría si se plantaran y dejaran crecer libres y a su antojo, no saben qué calidad de fruto darían. Lo que sí saben es que en la imperfección más absoluta encontrarían la verdadera perfección que no es más que la de ser auténticas en su ser y haber crecido libres y sanas expresando su propia naturaleza. Quizá no darían el mejor vino, quizá ni tan siquiera se haría vino con ellas.

El caso es que saldrían sus auténticos frutos que mostrarían tal y como son. Y ahí serían más bellas que nunca. Ese es el verdadero sentido de la belleza.

Y eso es lo que muchas veces nos pasa. No sabemos cuál es nuestra función. En muchas ocasiones durante nuestra infancia y adolescencia se nos ha diseñado, cortado, limpiado o incluso plantado para que diéramos ese mejor vino. Con la mejor de las intenciones, por la educación de papa o mamá o por fidelidad familiar: voy a ser lo que papa quiso ser y no pudo o voy hacer lo que a mamá le hubiera hecho feliz. Otras, incluso, son todavía más inconscientes: estoy reparando un drama de mis ancestros y resulta que no lo sabía.

 

El caso es que poco habitamos de nuestra cepa auténtica, de nuestro ser, de nuestro yo.

 

-¿Qué hay de mi esencia? ¿Dónde reside mi razón de vivir?

-¿Cuál es tu don más auténtico? -me preguntó-. Solo he sabido responder: bueno la gente me dice que soy buena en… y además yo creo que hago bien tal cosa…

Hablo de lo que te conecta con tu esencia -reiteró-, de aquello que habla verdaderamente de ti. ¿Cuál es tu pura raza? ¿Tu sentir más verdadero? ¿Tu marca personal?

No supe qué contestar…

“Nos perdemos por fuera desconectados cada vez más de nuestro interior. Y en esa desconexión buscamos gurús, terapias, maestros, profesores, personajes de éxito (tan perdidos como nosotros), actores que admiramos, figuras que deseamos. Anhelamos y ansiamos aquello que creemos no ser sin saber verdaderamente quien somos.”

¿Cómo hago entonces? -Le pregunté a Josep hecha un mar de lágrimas-.

Cambia de hemisferio -me dijo él-. Solo conectando con la creatividad hallarás la conexión más profunda con tu ser superior.

Lo demás colócalo todo en su debido lugar. Al ego también. Es cuestión de integrar aquello que más te duele para reconocer que en la integración está el verdadero tesoro hacia uno mismo. Y que todo en nosotros forma parte de un plan perfecto que ocupa su espacio y su lugar aquí y ahora para mostrarte en todo momento aquello que tu alma, propósito divino o esencia ha venido a experimentar.

Se aquello que tengas que ser creciendo desde tu naturaleza divina. La gracia está en descubrir cuál es tu naturaleza. Así que diviértete en el proceso ya que siempre es una elección. El despertar de la conciencia duele, sí, aunque no hace falta sufrir. Sentir el dolor es parte del ejercicio de integrar todos los fractales. Y siempre puedes descansar, parar o huir. Lo que tengas que aprender y vivir estará ahí y volverá una y otra vez para darte la posibilidad de ser traspasado. Y aquello que decidas no traspasar también estará bien ya que todo es parte del plan.

 

Tratamiento Floral:
Aspen. La esencia más conocida para tratar los miedos inciertos. Pero me pregunto yo: ¿Qué es un miedo incierto? ¿Acaso no sabes que tienes miedo? ¿De donde viene la incertidumbre de tener miedo a no se que? La personaliad Aspen dispone de una sensibilidad especial y un cuerpo astral lo suficientemente desarrollado para percibir a un nivel de subconsciente impresiones, sensaciones o presentimientos que a menudo producen sensación de miedo. Dicha personalidad tiene un cuerpo astral desproporcionadamente desarrollado en relación con el ego y la consciencia. Todo lo dicho conlleva a percibir impresiones procedentes de otros planos de la realidad que en muchas ocasiones pueden asustar a la persona, sobretodo a los niños sensibles que a veces perciben figuras invisibles o sufren de terrores y pesadillas nocturnas. Aspen calma y armoniza las capacidades psíquicas innatas al permitir que la mente procese mejor la la información que recibe. Asimismo nos acompaña a discernir que información es nuestra y cual no; equilibrando las fuerzas del alma y estableciendo una armonía directa entre ego y consciencia.  Diríamos que la esencia Aspen nos sirve de acompañante indispensable en fórmulas como en este caso que requieren de una búsqueda de la naturaleza interior. Personas que quieren definirse como esencia y equilibrar sus fuerzas para conectar con la fortaleza y la autenticidad del ser. En este caso sería bueno armar una fórmula junto con Cerato y Vine.

Gisella Gil

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