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STAR OF BETHLEHEM ESSENCE: De la resistencia a la confianza

La fuerza de la vida…

 

-Empuja, empuja, puedes, sí que puedes, claro que sí.

-Aahhhhh no puedo, no puedo, no voy a poder…

-Sí puedes! Claro que puedes! Todas podemos, nacemos preparadas para
este momento! Puedes! Venga lo estás haciendo, un poco más, un poco más, casi lo tienes, lo estás viendo, lo ves. Venga que lo tienes, ya está, ya está… Mira, ya está aquí! Ves como has podido, claro que has podido!

Mis ojos estaban perplejos ante ella. Mientras me explicaba cómo había sido el parto natural de su hijo a mí me dolía todo solo de escucharlo.
Sus preciosos y expresivos ojos azules y su manera de gesticular me metía de lleno en su historia sintiendo que mi cuerpo entraba en resonancia con ese momento de dolor ante la vida.
“No estoy sufriendo, estoy pariendo” -me comentaba que le decía a su comadrona-.

Eso hizo un click en mí. Yo ya estaba de lleno en ese sufrimiento, al que viajo frecuentemente y con mucha facilidad. Yo ya estaba en el dolor ante la vida y esa frase resonó en mí como si una compuerta enorme se deslizara y frenara de golpe todo aquel torrente de dolor y angustia que yo ya me había creado.

Ella estaba allí pariendo. Con dolor, sí, pero pariendo y no sufriendo.

Aprendí una vez más que la vida se compone de pequeñas sutilezas que son las que hacen grandes los acontecimientos, pequeñas líneas divisorias que transforman situaciones para darles otro sentido. Pariendo… no sufriendo.

Estaba allí pariendo a su hijo y pariéndose a sí misma para convertirse en madre en ese mismo instante en el que la vida le daba la bienvenida a su hijo.

-¿Duele mucho? -Le pregunté-.

-Sí, mucho. Crees que no vas a poder aguantar un minuto más y lo aguantas.
Nace de ti una fuerza, que es la mía -me decía- y ni tan siquiera sabía que la tenia. Y a esos momentos vuelvo cuando estoy bajita y creo que no lo voy a conseguir -seguía comentando-.

Por segunda vez un click y en esta ocasión acompañado de un torrente de emociones y sentimientos atravesándome el cuerpo de arriba hacia abajo.
La vida y la muerte son exactamente lo mismo, -recapacité en ese momento-. Todo lo que ella me contaba resonaba en mí desde la polaridad.

La sensación de no poder, la impotencia hacia lo desconocido, el dolor de atravesar una situación, el sacar fuerzas de donde crees que no vas a poder. Parirse y parir. Dar espacio a algo nuevo mientras recorremos un vacío que nos lleva a un lugar desconocido para nosotros. Nos hace tambalear, nos coloca en la punta del iceberg, al borde del precipicio, en un abismo del que creemos que no vamos a poder salir.

 

Y salimos, claro que salimos.

 

Se trata de vivir lo que tengamos que vivir. Parece fácil dicho así… Sentir, aceptar, atravesar, conectar y sumergirse en la emoción.
Parirse las veces que haga falta.

Sentir desde las entrañas cómo atraviesas el dolor, como el estallido de un animal herido rugiendo ante el dolor más profundo que uno pueda sentir. Un instinto animal que despierta en nosotros para sentir como la vida y la muerte son lo mismo.

Cambios de estado que nos llevan siempre a una transformación, teniéndola que atravesar sintiendo plena confianza. Todo pasará. La vida pasará, la muerte pasará.
Solamente nos queda confiar en dejarnos morir para parirnos y nacer de nuevo tantas veces como haga falta. Completando ciclos que empiezan y acaban para dar paso a nuevos espacios llenos de vida. La manera de vivirlo solo depende de nosotros. Cuánto nos resistimos aellos, sabiendo que no queda otra que atravesarlos y que pasarán.
Porqué siempre pasan.

 

Tratamiento Floral:

Por excelencia en estas situaciones es Star of Bethlehem con algunos de sus ayudantes.
Dependiendo cómo de intensa esté viviendo la persona la situación y en
función de su tipología de carácter y de la situación a tratar se
armará la fórmula de una manera u otra.

Gisella Gil

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