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CENTAURY ESSENCE: De la sumisión a la libertad, de la debilidad a la firmeza

Saber decir NO…

 

“La delicadeza de tu alma se habló con la mía. Eres tan pura…tu mirada brilla con la inocencia de una niña. Tus ojos reflejan la ilusión de una vida por descubrir. Tu sonrisa desprende el aire fresco de las mañanas, todo lo que emana en ti es ilusión.
Eres tan inspiradora, pura luz, un punto de luz que ilumina nuestro universo…”

Yo tenía esta tendencia, todo aquello que brillaba ante mí,ya fueran personas o situaciones, me deslumbraban el alma de tal manera que sin darme cuenta traspasaba los límites de mi autoestima. Me dejaba enamorar por lo que brillaba hasta el punto de desnudarme en cuerpo y alma. Caía como abeja a la miel y, sin darme cuenta, elevaba la situación o la persona a una figura de poder que tarde o temprano me situaría a mi en una posición de total inferioridad, y lo peor de todo, me llevaría a sentirme en deuda con esa persona por haber hecho “aparentemente” tanto por mi.

 

Eran enamoramientos “poéticos” -como me gusta llamarles-, pasaba de la admiración a mi pequeñez, con una facilidad pasmosa. Me dejaba deslumbrar por su majestuosidad -siempre vista desde mis ojos, claro-, elevaba a personas, personajes y situaciones que con el tiempo acabarían convirtiéndose en mi trampa más perfecta. El poder que ellos desprendían en mi convertía todo mi montaje mental en el engranaje más preciso.

Siempre se repetía el mismo proceso: En el caso de personas, sentía admiración hasta el punto de querer ser la otra persona en lugar de yo misma, deseaba su capacidad de hacer, de transmitir, su sabiduría…Pensaba que yo nunca sería como el/ella…

Normalmente la historia acababa en relación; ya sea afectiva, laboral o amorosa. El patrón es el mismo en todas las ocasiones. Todo perfecto hasta el día en que llegaba una situación -parte del plan mental inconsciente-, en la que sucedía algo que me llevaba al extremo de la sumisión. Ese día entraba en cólera, ira, rabia por lo que el otro me había dicho o hecho, sin caer en que había sido yo misma, la que le había puesto al otro el camino en perfecto estado para actuar según su rol. Es tal el magnetismo que desprenden estos perfiles que vas entrando en un estado de sumisión y debilidad ante el otro sin darte ni cuenta. Cumpliendo así perfectamente tu papel de sumiso.

 

Esa rabia, ira o cólera que sentimos sirve de escudo de la verdadera naturaleza del asunto: LA CULPA.

 

La situación en si te lleva a tomar decisiones que se convierten en generadoras de culpabilidad. Tomar la decisión de romper un vínculo generado desde el binomio poder-debilidad, víctima-verdugo solo puedes llevarnos a sentirnos culpables por “deshacernos” de la persona, situación o personaje que nos ha dado tanto…
Y así una y otra vez re alimentamos el patrón. La rueda siempre es la misma: poder——> me someto——> el verdugo hace su trabajo——> reacciono——> entro en contacto con la emoción (rabia, ira)——> rompo la relación—-> acabo sintiéndome culpable, el malo soy yo.

Las relaciones de poder generan en el inconsciente un estado de jerarquía que nos coloca, sin querer, debajo del otro. De ahí se deriva un proceso muy preciso cuyo final es: «sentirnos en deuda con el otro»

Las figuras de poder son pasto divino para los Centaury-Larch -baja autoestima-, situándolos en un estado de deuda continua, generando culpa, alimentando sus debilidades y verificando frases como: “Todo lo que soy te lo debo a ti”. “Sin ti yo no voy a ser nada”.

Romper este tipo de relaciones es enfrentarse a uno mismo y desterrar el patrón que nos ha acompañado posiblemente durante la vida en pro de nuestros objetivos.

Este ejemplo llevado al límite nos escenifica un estado con el que los generadores de “Centaury” conviven muchas veces en su día a día. Creencias, mandatos familiares, moving escolar o laboral, adaptación… Nos hacen elegir este mecanismo de supervivencia. Una ruta tanto descrita a nivel floral como en procesos de coach: La sumisión.

“Me someto porque creo que el otro va a darme lo que yo no tengo”…Tremenda trampa.

 

Tratamiento Floral:

La flor Centaury y sus ayudantes (vine, pine…) nos aportan la fuerza suficiente para alcanzar una vibración que nos lleve a la confianza con uno mismo, la autoestima y el amor propio. Evitamos así caer en una ruta devastadora que desgasta muchísima energía y nos puede conducir fácilmente al desequilibrio y a la enfermedad.
Revisar creencias, mandatos familiares, infancia o adicciones formará parte del proceso terapéutico.

No se trata de desterrar el patrón ni luchar contra él. Se trata de positivizarlo a través de la energía, confianza, vitalidad, seguridad, alegría, bienestar y así enfocar los procesos desde el amor y la igualdad .

Gisella Gil

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