CRAB APPLE ESSENCE: El triángulo dramático

¿Saltas?…


“Me diste de comer aunque solo fue con la intención de engordarme para luego cortarme la cabeza”

Sus ojos mostraban el dolor sincero que sentía; y esa frase y su mirada impactaron en mi. Hace unos meses vi un caso en la consulta que me recordó una temática recurrente de mis consultantes y de mi propia vida.

LA TOXICIDAD de la rueda DEL TRIÁNGULO DRAMÁTICO. Quien me conocéis un poquito me habréis oído hablar muchas veces de él. Y es que me parece fascinante como quedamos enmarañados como si de una tela de araña se tratase por ese triángulo que solo nos lleva a la AUTODESTRUCCIÓN.

VÍCTIMA- PERSEGUIDOR- SALVADOR. Los vértices de un triángulo al que llamamos DRAMÁTICO.
¿Por qué? Porqué responde a un comportamiento enfermizo que no deja de dar vueltas al más puro estilo de la rueda de un hámster. Salir de él es complicado ya que ninguno de nosotros quiere verse como protagonista de alguno de sus vértices. Bueno…de uno de ellos si, el más fácil: el de VÍCTIMA. Aunque cuando juegas al triángulo dramático ya sabes a lo que te expones, tarde o temprano caerás en alguno de sus otros vértices y sin darte cuentas pasarás de víctima a verdugo y de verdugo a salvador. Te perdono ¿Os suena?

 

Bajo permiso de mi consultante voy a describir tan tóxico caso:

Instalada en el papel de VÍCTIMA entraba en la dinámica de dejarse dar de comer por el verdugo.

“En el fondo necesito el poder que ejerce sobre mí -me decía-. Yo veía algún trastorno en él, su mirada algo perdida, una extraña relación con la alimentación, subidas y bajadas de humor, algo de ira disfrazada de admiración hacia mí,…pero al fin y al cabo cubría en mí una carencia que yo creía que llenaba con su notoriedad. Yo le admiraba, así que me dejaba hacer porqué, en el fondo, ya me iba bien y me hacía sentir valiosa. Había algo exagerado en sus gestos, en su pasión por el alcohol pero a mí me daba igual.
Él me hacía creer que yo era alguien. Viajes, dinero, buen sexo, dulzura… era cariñoso y me regalaba todas las palabras que cubrían mis carencias a menudo al descubierto. Me hacía creer que era buena, exitosa, me daba el valor que yo no había sabido darme. Aunque eso duró solo hasta que yo empecé a creérmelo de verdad…

Trabajé con mi coach y empecé a despuntar. Me encantaba la decoración así que empecé a relacionarme con gente del mundillo. Salía, entraba, empezaron a reconocer mi trabajo y comencé a ganar dinero. Eso…no le gustó.
Y es aquí cuando empezaron sus reproches, su malestar, sus gritos, discusiones y un juego muy sucio…”

 

La mirada de mi consultante cogía fuerza al explicarme esta parte del capítulo. Yo seguía con el vello de punta escuchando otra historia…CON EL MISMO FINAL.

“No me lo puedo creer, no me puedo creer que me haya hecho eso -seguía diciendo ella-.
¿El qué? -le pregunté-.
Dejarme tirada como a una colilla -dijo ella-, engordarme como a un cerdo solo con la intención de cortarme la cabeza en el momento en que he dejado de interesarle. Llegué a sentirme útil, valiosa,  llegué a creer ser alguien a su lado y en el momento que empiezo a confiar en mi de verdad me escupe para colocarme donde yo estaba cuando le conocí. Llenándome de insultos y desprecios para salir airoso de una situación perversa que le deja a él como VÍCTIMA cuando la VÍCTIMA soy yo.”

Respiré hondo y tomé aire. Ese patrón era demasiado familiar para mí y seguía con los pelos de punta y el corazón en un puño.

“Estáis los dos en el mismo juego -le contesté-.
¿Cómo? -dijo ella un tanto furiosa-.
Una VÍCTIMA no se alimenta sin su verdugo o perseguidor, al revés tampoco. Se trata de un juego de roles malicioso en el que cada uno alimenta su papel para seguir en la rueda. Si no sueltas el patrón que te lleva a consumir esta serie de relaciones no saldrás nunca de la rueda del hámster ¿Cuantas veces le has perseguido tú culpándole de lo que te ha hecho?
Muchas -me contesta ella-, ¿Qué iba hacer si no?-siguió-.
¿Y cuantas veces le has reprochado a alguien lo que has hecho por él y que no ha hecho él por ti?

Has saltado de vértice! ¿No te das cuenta?! -le dije-.
VÍCTIMA, PERSEGUIDOR, SALVADOR… ya has recorrido dos vértices del triángulo. El de víctima -que es el que suele ver todo el mundo- y ahora me reconoces el de perseguidor. Vamos a por el tercero!

Dime… ¿Jamás has sido el salvador de nadie?
Aunque sea con buena intención -le dije de nuevo-. Querer salvar a alguien de que no sufra, querer rescatar a alguien de una situación, salvar la situación en si o…¿acaso no querías que te salvara él de algo? Es igual de enfermizo ya que él también la certeza de que te estaba salvando de algo a ti y así se creía digno de tener el poder sobre ti”.

 

Ella me miraba atónita!. Sus ojos empezaron a mojarse y su barbilla temblorosa acompañaba una voz tenue diciendo: “Pero me ha hecho mucho daño”… mientras una lágrima brotaba de sus ojos sin pedir permiso.

Lo sé -asentí-. No se trata ahora de valorar la situación, juzgarla y entrar nosotras en el triángulo dramático, sino de salir de él. No juzgamos lo que sientes sino que miramos desde fuera una situación, un juego en el que tú has decidido entrar a participar, y eso, solo observar eso, ya te aleja de él. Te da autoridad y poder, independencia y valor, ya que tú y solo tú decidiste entrar en él. Y tú y solo tú cuando lo desees, si lo deseas, vas a salir de él.
Responsabilizarte de tu dolor sin culpar al otro duele. Asumir tus carencias, anhelos, deseos y saberte como máximo responsable de ellos es una tarea que debemos llevar a cabo desde la parte más amorosa de nosotras mismas.

 

Observa de donde viene ese dolor – le digo-, mira como perdonas tu inocencia, tu maldad y todas esas partes no resueltas de ti para así incluirlas en un puzzle donde solo tú tienes todas las piezas. Todo lo demás que te encuentras por la vida son figurantes que te acompañan a completar tu aprendizaje.Por la razón que sea decidiste darle poder al otro. Miedo, dolor, falta de confianza, una herida profunda, qué más da! Le diste la responsabilidad al otro de solucionar aquello que tú no supiste hacer: CREER EN TI.

Creíste desde la inocencia de la niña herida que el otro te daría poder. Como un niño anhelando formar parte del grupito de los populares de la clase, te vendiste para que te aceptaran y así entrar en ese grupo de élite que te lanzaría a ti a lo más alto pudiendo disfrutar de las mieles de un sector reservado solo a unos cuantos elegidos.

Caíste en la trampa. Una trampa llamada TRIÁNGULO DRAMÁTICO donde todos los personajes juegan su juego de rol y donde el objetivo encubierto no es el éxito y el reconocimiento sino el dolor, la desidia y la toxicidad. Recuerda que el verdugo fue víctima algún día…

El sentimiento de no merezco o solo me valoro a través del otro pueden venir por un trauma “infantil” muchas veces de “No sentirse digno a…”, otras veces por verse feo y despreciable en comparación con… y otras por haber vivido situaciones de bulling que nos hacen sentir feos y torpes por dentro. Eso alimenta una alma rota y carente de valor que posiblemente caiga en las manos de un “verdugo” que va a frotarse las manos para jugar en la cuerda de la polaridad: hacernos sentir tan deseados a veces y otras repudiados. Sin olvidar que la víctima a deseado caer en sus manos por el deseo de sentirse alguien.

 

Y en ese afán de querer ser nos dejaremos llevar por su juego hasta caer exhaustos de nuevo  diciendo: basta! y así saltar de vórtice para completar la rueda…una vez más.

 

Solo hay un camino: SALTA! salta de la rueda y confía en ti para empezar a mostrarte tú desde el lugar que te pertenece como ser.

 

Tratamiento Floral:
Aunque el triángulo dramático exige de una flor que lidera el trabajo por salir del mismo: Chicory.
He querido darle otro enfoque para ver cómo se abre la sutileza floral pudiendo utilizar otros remedios menos evidentes en ciertas situaciones.
Crab Apple la esencia de la purificación, de la limpieza, de la depuración física, mental y psíquica, ejerce un “vaciar contenido”  para desterrar sentimientos de impureza, no merecimiento, rechazo, asco o vergüenza que en el fondo sentimos hacia nosotros mismos.
“No merezco, no sirvo, no valgo” que inicialmente se trabajan con Larch o similares de otros sistemas florales traspasan fronteras con el uso de Crab Apple. Las huellas pasadas de la culpa por no merecer ejercen una línea muy fina que comparte tratamiento con la esencia Pine.
El tratamiento con Crab Apple, el manzano silvestre, nos armoniza aportando sensación de aceptación con uno mismo. Recordemos que el Dr.Bach ubicó Crab Apple en el grupo de los que sufren desaliento o desesperación.

 

Gisella Gil

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