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IMPATIENS ESSENCE: De la tensión a fluir con el paso de la vida

El tan ansiado aquí y ahora…

 

Y yo aquí, en medio de este caos que no se muy bien todavía cómo definirlo. El atardecer y el olor de sus calles entra en mí como un suave aroma pese al maloliente fervor. Nuestro autobús hace un cambio de sentido observado por los monos que desde sus tejados siguen atentos como guardianes a todos nuestros movimientos. El guía se dirige a mí para decirme que es imposible llegar al Taj Mahal, el tráfico está horrible esta tarde en Agra y el sueño de ver la puesta de sol desde atrás acaba de estallar en mi interior. Se acabó -siento dentro de mí-, solo hay una oportunidad y no me despedí… Pensé que volvería y no me despedí. Me quedé con las ganas de sellar su vibración en mi interior, me quedé con las ganas y pensé que volvería… me repito una y otra vez, como un mantra en mi interior.

Observo imponente su majestuosidad desde lejos mientras mi mente se pierde en la obsesión de lo que pudo ser y no fue… como tantas veces hacemos en la vida… ¿Por qué? -me pregunto-, era mi gran ilusión, el guía además insiste en que lo siente porque hubiera sido precioso, que sabrá el de mis sueños! -me digo indignada-.

 

La palabra aceptar pasa por mi mente, la rendición también, rendirse es un concepto que he aprendido no hace mucho, ya que mayoritariamente lo tenemos mal interpretado. Rendirse no es perder, eso son historias del ego. Rendirse es el río de la vida, es dejar que todo fluja, es no poner resistencia, es confiar en algo muy superior a nosotros, es aparcar el ego para vivir en plenitud, en confianza a algo muy superior a nuestra pequeñez y que cuida de nosotros en beneficio de nuestro camino de vida y de nuestra alma.

 

Ríndete -me digo-, algún significado tendrá aunque ahora no pueda entenderlo. Esta mañana cuando estaba observando su voluptuosa belleza me he dicho: Siéntelo, víbralo, ámalo ahora mismo, disfruta de este momento aunque sepas que vas a volver por la tarde… y no volví.

 

En aquellos momentos estaba tan traspasada por la realidad que observaba, que sentía que no podía llegar a la plenitud del presente. Y así esperé lo que no llegó. No puede ser -me sigo repitiendo-, tengo que volver, tengo que rezar, meditar… Lo observaría horas y horas, es tan bonito… es tan perfecto.

Y aquello que no fue, se convirtió en un reto al día siguiente.
No vi ponerse el sol… pero lo vi salir. 5.15 a.m, mientras todo el grupo dormía partí con mi gran lección aprendida: presencia. La vida es generosa cuando te entregas, cuando confías, cuando el corazón estalla de amor.

Y allí sentada con la calma y el suave olor del amanecer más precioso, volvió a brillar delante de mí, esta vez penetrando hasta lo más profundo de mi alma… y con esa vibración tan elevada, tan consciente sentí:

 

 

“El amor perfecto existe, ahora lo sé, ahora lo siento, ahora lo veo. Existe el Taj Mahal, alguién pudo construir eso porque sentía eso. Esa maravilla solo sale de la vibración más auténtica, alta y perfecta que existe: el Amor.
El amor que fué, el amor real, el amor compartido, el deseado, el correspondido. Aquel que brilla desde su grandeza, desde su magnitud.

Así brilla el Taj Mahal, el poder y la fuerza de lo que fue y de lo que es. El mayor tributo y monumento al amor.”
Hoy me conservo esa gran lección que cada día hemos de aprender y no olvidar: Solo tienes el ahora, solo tienes este momento. Éste es tu mayor tesoro.

 

Tratamiento floral:

Frustración, estrés, impaciencia, inquietud o irritación son algunas de las palabras atribuibles a la flor que lidera este post.
Como en todo en la vida de este texto se pueden extraer muchas miradas, visiones e interpretaciones. La mía después de vivir, sentir y reeler el texto es Impatiens. Y no por la impaciencia que pudiera sentir en este momento, sino por la frustración de que las cosas no fueran como mi mente en compañía de mi había diseñado. Eso nos pasa mucho y a menudo y no somos conscientes de ello. Si algo no sucede como mi mente había diseñado se abre una caja interna de reproches hacia la vida por no mostrarme la experiencia como yo había creído que tenía que ser. Visto así suena hasta arrogante…

 

Impatiens nos acompaña a una inmersión con la vida. PRESENTE. Delicadeza de la vida desde la atención, la aceptación de los acontecimientos y la mirada receptiva a cada minuto por experimentar la belleza que abre paso a la vida…a su ritmo.

Gisella Gil

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