MUSTARD ESSENCE: De la melancolía a la ilusión

La alegría de encontrarse…

Aquella entrevista fue la clave para hacerme caer la venda de los ojos…

Me había pasado media vida luchando en contra de lo que realmente era aunque en estos momentos acabada de descubrir que en realidad, lo que estaba sucediendo, es que no sabía quién era.

Sí. Si sé quién soy- me digo mientras escribo esto-. Lo que en verdad sucede es que no sé lo que me gusta.

¿Qué es aquello que te entusiasma?- dijo Enrique-.

No lo sé -me dije a mi misma por dentro-.

El día siguiente y el otro y al volver a escuchar el programa fui encajando piezas como si el puzle se reconstruyera de nuevo.

Me he desencantado de la vida, no estoy entusiasmada con ella. Cuando observo mis días solo veo en ellos obligación y pesadez. Una falta de deseo enorme y un sin sentido que me desvitaliza y me agota.

¿Alguna vez estuve encantada y entusiasmada con la vida? – pienso-, alguna vez sí -me respondo-. Sí, aunque jamás lo estuve conmigo.

Jamás me entusiasmé de mí. Ni de mis cosas, ni de mi cuerpo ni de mi pelo. Jamás tuve la seguridad de expresar aquello que me gustaba o lo que en realidad era. Y cuando alguna vez lo hice sentí el juicio en mi nuca siendo ese mismo juicio el que se encargara de empezar a diseñar un personaje en torno a mi propia esencia.

Un personaje que ha ido probando y bebiendo de distintas fuentes. Un personaje curioso, fuerte y camicaze que en ocasiones ha traspasado la línea hacia la autodestrucción.

Un personaje creado desde la carencia para conseguir el éxito a través de la aprobación del otro. En todas las cosas que he probado en mi vida ha habido un ápice de estrella, suerte o, llámalo como quieras, que ha terminado en nada. Y eso se ha repetido una y otra vez. Un constante sin saber ni dar en el cómo o en el porqué.

 

Hoy, al despertarme, he escuchado la entrevista por segunda vez y ha vuelto a entrar en mí como una bala.

Convierte en un valor para los demás aquello que te entusiasma y conseguirás la excelencia.

Una frase con arma de doble filo para los que nos hemos pasado la vida intentando encontrarnos a través de la mirada de los demás.
Un arte en el que me estoy empleando a fondo para integrarlo sin desmenuzarme de nuevo.

“Para convertir en un valor para los demás aquello que te entusiasma debes entusiasmarte de ti. No busques fuera de nuevo. Si no estás conectada contigo misma es imposible que puedas disfrutar y transmitir. Debes sumergirte hasta las mismísimas tripas para encontrar y conectar la raíz de tu esencia. Si encuentras tu luz interior, aquello que te conecte con el entusiasmo con el que naciste solo tendrás que observarlo ya que va a desplegarse ante ti como fichas de dominó cayendo por un serpentín”.

 

Esta conversación se repetía una y otra vez en mi cabeza…

¿Qué perfil de niña eras de pequeña? ¿Cuál era tu propósito en la vida? ¿Cómo jugabas? ¿Con qué te reías? ¿Qué emociones te dominaban? ¿Cómo era tu convivencia escolar? ¿A qué jugabas? ¿Qué perfiles de amigos tenías? ¿Cómo te enfadabas?

Todo eso va a darte muchas pistas para entender que pedazo de ti has ido dejando fuera. Que es aquello de ti que rechazas y lo que anhelas, lo que te gusta y lo que no. Y lo más importante, una gran llave…¿A quién no gustaste para inventarte un personaje que te ayudara a vivir?

Cuando miro como soy encuentro dentro de mí la mirada desaprobada de mamá. Esta niña no es como yo quiero que sea. No hagas esto, ni lo otro o deja de comportarte así.

Su propia desaprobación proyectada en la ilusión de que su hija fuera tal y como a ella le hubiera gustado ser para así reafirmar su paso exitoso por la vida. En el fondo quiero pensar que en realidad sí que le gustaba y que estaba encantada conmigo. Era tan perfeccionista y tan crítica con ella misma que cualquier “error” hacia titubear los cimientos. Era una gran amante de la belleza, la feminidad, la perfección. De gusto refinado y exquisito sabía ver el detalle donde otros no alcanzaban. Un don que mal canalizado puede llegar a convertirse en una pesadilla…

Pero incluso más allá de mamá encuentro mi propia mirada: tensa, dura, terca, arrogante, intensa… AUTODESTRUCTIVA.

 

Cuantos años han hecho falta para empezar a amarme… Para integrar lo que sí soy, para localizar todo aquello que puedo dar, lejos de parecerme a unos u a otros. Años para conectar con la autenticidad y sentir desde el ser que somos únicos e irrepetibles, que es un desperdicio de energía querer ser quién no eres y intentar valorar y juzgar los deseos de un alma que sabe perfectamente lo que ha venido a experimentar en este camino de vida.

Y es que cuando uno integra desde lo más profundo sin dejar ninguna pieza fuera del puzle, la esfera del personaje se desvanece dando lugar a otra forma de expresión que ni tan siquiera conocemos.

 

Y así, solo así, nos hacemos libres para permitirnos SER.

 

Tratamiento Floral:

La esencia Mustard es conocida para trabajar las depresiones endógenas entre otros procesos como cambios de humor, tristezas profundas o desconexiones del ser con la propia vida. Mustard  encarna la esencia de experimentar la oscuridad como proceso transformador, ejerciendo en la persona de catalizador para reconciliarse con las partes más oscuras desde su psique y así facilitar la conexión con su esencia interior. Son de gran ayuda para Mustard  esencias como Sweet Chestnut – Olive – Star of Bethlehem o Pine entre otras.

Gisella Gil

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