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ELM ESSENCE: Salir al paso de los sentimientos encontrados

Rescatarse para estar presente…

 

Quizá no encuentre un momento de inspiración para poder definir a la perfección los sentimientos encontrados al volver al lugar donde un día fui feliz.

El olor de los árboles, los senderos y su luz, su magia… me transportaron al sitio del que quizá nunca me hubiera gustado salir.

Aquellos nueve años, por un momento, no habían pasado jamás. Volví a aquel lugar mágico y recóndito donde el mundo parece detenerse y la naturaleza luce preciosa para acompañarte a conectar con lo mejor de ti. Recorrí las estancias de la casa, sus maravillosos rincones y pude sentir el olor de aquella época que volvía a mí sin cesar.
Una época feliz y amable, donde la vida todavía no me había mostrado su otra cara…

 

Paseé por el porche repleto de plantas y flores, sus mesas de madera, un tanto quemadas por el sol, la fachada de piedra robusta inalterable al paso del tiempo como de quién se sabe majestuoso a la vez que cercano. Todo ello acompañado de velas y mil detalles que le daban ese toque tan provenzal y peculiar que te transporta a La casita de chocolate.
Le pedí a Isabella que nos enseñara una de mis habitaciones preferidas y ella se empeñó a enseñármelas todas…

-Venid -nos dijo con una sonrisa que hacía intuir la ilusión que le hacía-, os voy a enseñar la habitación más grande y original de la casa.

 

Caminamos por un pasillo luminoso hasta llegar a una escalerita que me hizo intuir lo que estaba a punto de ver.
-Subid subid, es una habitación preciosa -repitió Isabella-.

Reconocí rápidamente el descansillo que conducía a esa habitación…
Mi corazón empezó a acelerarse mientras me decía a mí misma que no quería entrar de nuevo allí.

Y así, sin más, sin poder justificar mi negación a entrar, me vi en medio de donde nueve años antes había sido el escenario. Volver a ver la habitación fue volver a sentir el olor de tu piel, tu torso y tu desnudez, como si de una escultura de Da Vinci se tratara, haciéndome el amor encima del billar como si no hubiera pasado el tiempo…

Corrí escaleras abajo presa de tu recuerdo, sintiendo mi pecho oprimirse más y más a cada paso, sentí morir por un momento al recordar todo aquello que fuimos y se esfumó por expreso deseo de la vida.

En medio de la confusión entre ficción y realidad, sintiendo todavía  la intensidad de mi respiración y el latido acelerado de mi corazón, me detuve por un momento y  pensé: ¿En realidad fui tan feliz en esos tiempos?

Quizá sí y no lo vi. La trampa del paso del tiempo es que fantaseamos con el pasado como si de un cuento se tratara. Recurren a nosotros los instantes de felicidad que nos hacen preguntar una y otra vez si la decisión tomada fue un error. O quizá se trata simplemente de la fantasía del recuerdo que nos lleva a inventar un pasado que no fue como lo imaginamos hoy.

Sentada en la piedra del último escalón intenté recobrar la respiración sintiendo y entendiendo como el paso del tiempo es una mera ilusión para nuestros sentidos. Cuando las vivencias reclaman su espacio dentro de nosotros no hay realidad que las diluya.
Es verdad que el tiempo no existe.

Vivimos en una ilusión temporal que nos hace olvidar momentos cuando no los tenemos cerca, aunque siempre están. Falta tocar la tecla para volver al mismo sitio del que creías haber salido hace tiempo.

La perspectiva es lo que puede ayudarnos en estos casos. Salir de la situación y alejarse para dejar atrás aquello que un día formó parte de nuestras vidas y se quedó como juguete al desuso en alguna parte de nosotros para acompañarnos en silencio desde otro lugar.

 

Un lugar al que siempre podemos volver, a veces queriendo y otras no…

 

Hoy me doy cuenta que lejos de lo vivido soy muy feliz. Encontrar sentimientos me ha hecho entender una parte a la que todos queremos quedarnos enganchados en algún momento: Los recuerdos. Para identificarnos con lo que un día fuimos y así alejarnos del miedo que nos da el vacío del presente y el hueco de pensar en un futuro incierto.

No es más que la fantasía de acogerse a lo vivido para recordar aquello que un día dio sentido a nuestra existencia y mantenerlo en vida. Así es como hemos aprendido a creer ser aquello que vivimos.

No queremos desprendernos tan fácilmente del pasado, ya sea dolor, placer o sufrimiento porque necesitamos constantemente tener una razón por la que seguir aquí.

Nos preguntamos qué hacemos o que hemos venido a hacer, danzamos cual fantasmas en la oscuridad perdiéndonos muchas veces en el hastío de significados imposibles de contestar.

 

Hoy he sentido esa punzada de dolor en el pecho al reconocer que eso ya pasó, al sentir que lo solté hace tiempo aunque el recuerdo se ha empeñado en hacerme recordar lo que puedo ser y no fue… o quizá sí fue algún día.

Mientras el coche empezó a rodar por el sendero que nos llevó a la carretera principal bajé la ventana del coche para asomar la cabeza y divisar el bucólico paisaje.

Con el viento rozando mi cara y peinando mi pelo, olí el aire puro y limpio del lugar, miré la casa fijamente mientras nos alejábamos para grabar dentro de mi todo aquello que volví a sentir en esa estancia.
Dejando atrás para siempre aquello que viví hace tantos años…
No sé si regresaré de nuevo, lo que sí sé es que siento mi presente más vivo que nunca.

Quizá hay lugares en el mundo a los que es mejor no volver y dejarlos tal y como se quedaron un día para permitir que la mente siga jugando con aquellas fantasías que danzan entre la realidad y la ficción para ofrecernos siempre su mejor versión.

 

Tratamiento floral:
Elm se propone como flor principal aunque se la conozca más como esencia floral en casos de agobio, agotamiento o desbordamiento de tareas cotidianas. El desbordamiento en este caso es emocional. Si bien estaría totalmente indicado un remedio de rescate recordemos que la esencia Elm se incluye en la versión ampliada de una fórmula de rescate.
En esta historia deseamos salir al paso de sentimientos encontrados que nos desbordan por tanto debemos alinearnos con la energía y la inspiración verdaderas para hacer frente a la co dependencia emocional que arrastramos mediante historias del pasado.

 

Gisella Gil

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