ROCK ROSE ESSENCE: De los secuestros de la amigdala…a la plenitud de vivir sin miedo

El goce de vivir…

 

Entré por la puerta de la estación, atrás quedaba su mirada que me despedía con una mezcla de amor y ternura. Los transeúntes desfilaban arriba y abajo, el calor asomaba de nuevo aunque estuviéramos dándole la mano al otoño.

 

Esbocé una leve sonrisa. ‘Otra vez Madrid’, pensé. Y, de repente, esa sonrisa mezcla de deseo e ilusión se transformó en miedo. Madrid siempre había sido una gran oportunidad para mí aunque nunca jamás llegó a ver realizado ninguno de mis sueños. Por mi mente pasaron rápidamente imágenes y sensaciones de aquellas oportunidades que siempre se desvanecieron: Concursos de belleza, escuelas de interpretación, estudios, una relación de pareja o la apertura de mi proyecto. Esa ciudad parecía que escondía algo bonito para mí aunque, cuando llegaba el gran momento, esos sueños se desvanecían. ‘Madrid de mis sueños rotos’ –volví a pensar-, y otra vez apareció el miedo.

 

Esta vez volvía a Madrid para otro enlace que me podía llevar a expandir mi sueño… y el pánico se apoderó de mí.

 

Llevo toda la vida intentando paliar el miedo que me acecha. Quien lo conoce en sus versiones más intensas sabe de lo que estoy hablando. No hablo del miedo que nos puede hacer sudar levemente las manos, hablo del terror que en ocasiones se apodera paralizándonos y privándonos de ilusiones, sueños y metas. 

El miedo como emoción primaria se entiende como un estado diseñado, en primera instancia, para salvarte la vida en situaciones de peligro. El terror por un peligro ‘irreal’ llevado a la parálisis solo tiene el sentido de privarte de la felicidad. Una vez quedas atrapado por la amígdala ya no eres capaz de racionalizar nada.

 

 

…“La respiración se hacía más corta e intensa, una angustia oprimía mi pecho impidiéndome respirar con un ritmo normal, el corazón acelerado y mi torrente de pensamientos devastadores volvían a acecharme una vez más. Empecé a sudar, a temblar y a aterrorizarme solo con sentir las sensaciones que recorrían mi cuerpo. Tomé la esencia Rock Rose-Sensitive de mi set floral y me serené. Llevaba un tiempo largo sin vivir esto y esta vez me hundí mucho más que otras prometiéndome, a su vez, que esto no iba a paralizar mi vida. Ahora es el momento -me dije-, sí o sí voy a acabar con esto.

Llevaba una temporada intensa, dos años de trabajo sin sueldo, soledad y tremendos shocks que habían hecho mella en mí.

 

Es lo que tienen los PAS (personas altamente sensibles) -me dijo una amiga días atrás-.
Esto no es por ser PAS -pensé yo-, estoy harta, aquí tiene que haber algo más.
En plena crisis me puse a sacar el arsenal de herramientas terapéuticas que había desarrollado durante los últimos 8 años de mi vida y entre ellas rebusqué algún documental, talk o conferencia que pudiera darme la comprensión de aquello que me estaba sucediendo.

 

Y allí estaba. El Dr. Mario Alonso Puig y su brillante descripción sobre todos los procesos neuronales que nos envuelven.
Esta vez había dado en el clavo! Queda mucho por hacer -pensé-, pero por fin, después de 26 años de ansiedad, miedos y pánicos había encontrado la llave.

 

Encontrar la llave para mí ya no era la ilusión de dejar de sufrir ataques de pánico y convertirme en una persona totalmente distinta. La llave significaba comprender y aceptar mis mecanismos para reforzar al máximo aquellos que sí me iban a permitir avanzar disfrutando de la vida que era real en mí. La abundancia, el amor, la salud y la plenitud eran energías que estaban totalmente disponibles en mi vida y que yo, debido a mi “secuestro amigdalar” no conseguía integrar.

 

Vivía presa de un terrible miedo que por temporadas iba cada vez a más. No sabía por qué mi mente activaba las alarmas constantemente. ¿Es imposible saber quién es el depredador? -me preguntaba- ¿Por qué mi mente activa sus mecanismos de supervivencia ante una situación cotidiana?

 

No encontraba la respuesta aunque lo que sí empecé a ver, como si fuera un espectador de mi propia vida, es que mi realidad estaba distorsionada por el miedo. No era capaz de vivir mi vida desde su plenitud,  no vislumbraba la realidad racionalmente porqué el mecanismo que reinaba mi mente (y así mi vida) era la amígdala. Diseñada para ahuyentar situaciones peligrosas de nuestra vida, en mi caso había pasado a gobernar la mía por completo. Se conectaba sola sin avisar, anulando, a su vez, mi sistema más racional y evolucionado: el neocortex. Y desde ese lugar de alerta constante había acabado convertida en su esclava. Un avión, un viaje, el ascensor, la noche, una habitación oscura, la calle, la gente… todo! Cuando estás secuestrada por la amígdala todo se convierte en un peligro!

Al funcionar mentalmente como si siempre tuviera delante un depredador, el cortisol y la adrenalina que generaba mi cuerpo me preparaban para las tres únicas opciones por las que podía optar: Huir, luchar o paralizarme.

¿Qué sería de mi vida si pudiera funcionar cotidianamente desde mi córtex prefrontal y conectando mi hemisferio derecho? Esa parte mística, creativa, calmada, confiada, feliz… Un atisbo de luz asoma en mí al imaginar que se abre una posibilidad que podría cambiar radicalmente mi vida.

 

¿Te imaginas? – me digo-: largos viajes, interminables horas de avión, aventuras, vivir en paz, plenitud y lo más doloroso hasta el momento… atreverme con la maternidad.”

 

 

Hoy, después de esta gran y tremenda crisis me tocaba viajar sola a Madrid para emprender una nueva andadura envuelta de ilusión, recuerdos frustrados y miedos encontrados.

Va -me digo-, esta vez tiene que ser distinto. ¿Qué podría hacer para cambiar la tendencia?

Tengo que empezar por alguna cosa… Y así, con el calorcito del sol asomando por el amplio ventanal del tren, he cogido el móvil y me he puesto a escribir.

Y mientras escribo esto siento el deseo de que tú, si estás pasando por esta situación, encuentres en mis palabras la comprensión y el sosiego al igual que yo encontré el mío en las de Mario.

 

 

Tratamiento Floral:

El miedo Rock Rose es la parálisis, el colapso, por ello está incluido en las fórmulas de rescate. De la intranquilidad a la paz y del pánico a enfrentar grandes desafíos. El miedo que a veces nos invade daría para un post entero sobre miedos racionales e irracionales que nos penetran a lo largo de nuestra vida provocándonos, en parte, que nuestra existencia quede atrapada en un límite sin sentido. El miedo Rock Rose (pánico o terror) puede acecharnos ante una situación o shock “racional”. En ese caso resulta más sencillo de tratar que cuando se trata de miedos irracionales ya que los miedos irracionales recurren a programas muy arcaicos que requieren de otras técnicas complementarias que nos enseñaran a cambiar la conducta ante ciertos estímulos y/o enfrentamientos durante el transcurso de nuestra existencia.

 

Gisella Gil

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