ROCK WATER: DE GUSANO A MARIPOSA

Soltar el cascarón…

Salí de la sesión de healing absorta todavía por la sensación que acababa de experimentar: conectar con la nada. Qué cosa tan curiosa -iba pensando-.

De repente en la camilla de la sesión de healing, totalmente ida por la relajación, la calma y la tranquilidad, conecté con un estado difícil de definir pero de sensaciones exquisitas…

Seguí andando por la calle Bailén mientras pensaba en la sesión. El sol se filtraba entre las copas de los árboles, el olor a castaña perfumaba la calle mientras una tímida sensación de otoño asomaba en forma de chaquetas y abrigos en los escaparates. Anduve unos cuantos metros más hasta dar con el restaurante hindú que me había recomendado Maria Rosa.

Necesito comer hindú, japonés o algo exótico -le dije-. Quizá porqué por la mañana, tomando un café con mi amiga Veronica me contaba el nuevo proyecto que tenía entre manos y consiguió meterme de lleno en la energía de la India.
Sus gestos al contarme su proyecto, su expresión facial y sus ojos se iluminaban con cada palabra, vivía cada expresión de aquello que me contaba al milímetro. Me puso en la piel de esas mujeres auténticas, sólidas, sensatas, humildes, no por falta de recursos sino la humildad entendida como reconocimiento a uno mismo, a tu lugar en el mundo, esa humildad incuestionable al estar en paz con aquello que eres sea lo que sea. Visualicé, tal y como ella me contaba, aquellas mujeres en cuclillas, conectadas a la tierra mientras lavan su pelo o cuidan su piel con remedios antiquísimos, llenos de sabiduría y sentido común.

 

Ellas son lo que son y aceptan la vida, no desde el drama de la resignación sino desde las tripas, desde la raíz, aquella que no intelectualiza nada, ni tan siquiera le pone palabras. Son ellas desde la presencia ya que en verdad no se necesita nada más.
La nada, al final, es la posibilidad de llenarse de todo o la de sentir ese vacío que todo lo llena. El vacío, en realidad, es el todo. No necesito llenarme de nada si yo lo soy todo. No necesito mendigar, ni identificarme con patrones, ni tener miedo a nada.

¿Por qué no nos acompañamos en este proceso? -pensé sentada ya en el Taj Indian– .
Acompañémonos desde las raíces, ya que son éstas las que nos mueven a eso, a este crecimiento personal, brillemos plenamente y desde nuestra verdad.

 

Escribiendo justo estas palabras, entra en el restaurante una persona con aspecto algo descuidado y le pide al camarero hindú con tono alto y poco afable -argumentando que no tiene dinero-, si se puede tomar un cortado y si le deja ir al lavabo.
El camarero, sin pensarlo un momento, le hace un gesto más parecido a una reverencia real que a servir gratamente a un mendigo. La señora toma asiento en una buena mesa, se toma su cortado con gran deleite, atiende a sus necesidades y abandona el local.

Absorta por la situación observo el escenario durante unos instantes y al retomar mi móvil para releer la última frase escrita de este post y continuar con la escritura me doy cuenta de mis últimas palabras: brillemos de verdad.

Sonrío, el camarero del Taj Indian ha servido a la mendiga y a mí. Dándome la lección auténtica de lo que es brillar de verdad. Seguimos intelectualizando lo que es brillar y ahí entramos en pánico, en la culpa, en creencias, matices y un largo etcétera.
Y lo cierto es que brillar nada tiene que ver con eso. Brillar no es más que la consecuencia de permitirse ser, dejarse sentir, servir, compartir, amar y aceptar. Lo de hacer para conseguir brillar es cosa del ego.

Sentada en el sencillo y acogedor restaurante con su música tradicional de fondo, sus manteles de colores y sus fotos del Taj Mahal he vuelto a conectar con la nada.

Somos raíz, autenticidad, belleza, sabiduría. Somos todo cuando nos mostramos desde lo más íntimo. Somos belleza cuando nos permitimos brillar desde las tripas, al igual que Veronica hablándome de su proyecto, al igual que esas mujeres hindús que me contaba ella esta mañana.

 

 

Tratamiento floral:
Hay muchas esencias susceptibles a ser usadas para un tratamiento floral que lo que pretende es romper con patrones, creencias, límites establecidos, modelos rígidos de la vida, preconcebidos y estructurados.La idea es conectar con la sensación de flexibilidad, espontaneidad y receptividad fluida. Para ello la flor estrella, que no es una flor, sino agua de manantial es Rock Water.
La esencia Rock Water trabaja las emociones como si de poner ropa terca en agua se tratara. Actúa de ayudante en muchos procesos que de lo que se trata es de dejarse fluir y salir de dogmas, estructuras antiguas, muchas veces heredadas, para poner experimentar el flujo de los sentimientos más auténticos. Rock Water es capaz de ayudar a sentir desde lo auténtico de uno mismo y así desarrollar su vida emocional.

Algunos ayudantes en la formulación podrían ser : Mímulus – Beech – Rock Rose – Larch- Chestnut Bud

Gisella

 

 

 

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