VERVAIN: DE ROBIN HOOD AL DALAI LAMA

Dejar de luchar para sentir…

Monte Vesubio (Pompeya)

Somos un saco de electrones vibrando a determinadas frecuencias. Le moleste a quién le moleste. Resulta absurdo querer disfrazar evidencias entre conceptos y frases para ser aceptados por un colectivo que, lejos de creérselo o no, defienden sus intereses y creencias para lucir sus títulos escondiendo así sus miedos y su ego a que la estructura que han defendido durante años se desmonte.
Podemos evidenciar que las ondas existen a través de redes wifi, de la radio, el televisor y mil accesorios más pero cuando intentamos transportar eso al cuerpo, topamos con los entendidos que nos dicen que solo podemos actuar y tratarnos desde la química y lo demás es placebo…

 

Por poner ejemplos diremos que el color rojo, para que tus ojos lo vean así, tiene que vibrar a una determinada frecuencia (+/- 450 THz) Para los humanos, sólo longitudes de onda del espectro de luz entre 380 (790 THz) y 740 nm (nanómetros) (405 THz) son visibles. En la actualidad la ciencia admite que el universo es un mundo de frecuencias (vibraciones electromagnéticas)…Para eso sí que creemos en evidencias científicas pero para otras cosas no.

Lejos estamos todavía de una sociedad abierta, libre y confiada. Lejos nos queda la capacidad de elección y decisión sin dejarnos impregnar de tendencias e intereses. ¿Somos acaso víctimas de la época en que nacemos?

 

¿O, por lo contrario, tenemos la capacidad de elegir entre las cientos de miles de opciones que tenemos?

 

Quizá ignoramos lo desinformados que estamos, quizá no nos damos cuenta de que las tendencias nos gobiernan en pro de los intereses globales no de una sociedad de futuro, sino de cuatro mandatarios asentados en la cúspide de una pirámide que están muy lejos de interesarse por lo que está sucediendo más allá de sus lustrosos zapatos.

Muy poco lejos estamos de la época feudal, de los esclavos egipcios u otras civilizaciones que nos precedieron. A mi parecer nos diferencian dos grandes cosas:

– La primera: Ellos sabían quién eran y las libertades que tenían o no. A nosotros, en cambio, nos hacen creer aquello que no somos haciendo que nos sintamos libres y con capacidad de elegir cuando en realidad estamos manipulados y redireccionados sutilmente.

-La segunda y más fuerte es que no lo vemos. Nos creemos una libertad que está encubierta por un plan de marketing perfecto que nos lleva desde el sigilo hacía los intereses de unos pocos que poco hacen por una vida sostenible.

Los que mueven los hilos de la sociedad, la medicina, las farmacéuticas, gobiernos, holdings, etc planean a su antojo tendencias en función de sus propios intereses.

 

Me imagino siempre las funciones de títeres donde, escondidos sin mostrar la identidad, se agazapan unos personajes que mueven marionetas y, si saben hacerlo muy bien, uno se llega a olvidar que detrás hay alguien moviendo los hilos.

 

 

Hay tanto engaño, tanta tendencia que ahora nos creemos los reyes de lo ecológico, el lifestyle, la sostenibilidad, la bici, el yoga y el paddle. ¿De repente la quinoa llega a esferas inhóspitas, después de existir desde hace 5000 años, en forma de vasito y para poner al micro? Es un ejemplo absurdo de tantos otros y aunque para algunos de los que estén leyendo les resulte extraño o lejano ésta es ya una realidad.

No se trata de luchar una vez más para cambiar nada. Se trata de escucharse, de conectar con el sentido común, de no creerse todo aquello que nos venden.
De entender que las modas, más allá de ello, nos tienen que beneficiar y venir al gusto. Diferenciar la tendencia mental de querer el escaparate del vecino a nuestro verdadero deseo. Y aprender que cuando ni tan siquiera sabemos hacer caso a esa vocecita interior que a menudo nos habla y que acaba relegada a un pequeño espacio en nosotros… eso es síntoma que ya hay alguien (llamémoslo tendencia) que ya ha decidido por nosotros.

 

Lo bueno de todo esto es que somos muchos ya los que le ponemos consciencia, los que buscamos y rebuscamos en nuestro interior para elegir libremente lo que yo llamo “mi micromundo” desde la integridad del ser, aumentando los sentidos de dentro hacia fuera para decidir desde este “micromundo” que es lo que más me conviene a mi.

La verdadera libertad es nuestra conciencia.

Tratamiento Floral:

Vervain nos abre la capacidad de practicar de moderación, el camino del medio con bases firmes sin exceso, agotamiento nervioso, lucha o idealismo tan puro que pueda llegar a fanatismo.
Vervain no soporta la injusticia, son tipologías que viven la vida con mucha intensidad, lo que les lleva a someterse continuamente en bajadas energéticas y problemas digestivos a nivel más físico. Vervain armonizado sería un Dalai Lama, gran capacidad de liderazgo desde la templanza y la inteligencia de un ser que se convierte en un regulador y armonizador natural de las fuerzas espirituales de otras personas. Inspiración pura para dirigir y sanar a los demás.

Acompañantes de Vervain: Todas las flores del grupo 7

 

Gisella Gil

 

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