WILD ROSE ESSENCE: De la apatía a la ilusión

La vie est belle…

 

Entré en el edificio, la foto del vestíbulo me impresionó más de lo que lo había hecho la construcción del exterior.

Subimos en ascensor hasta la cuarta planta. Al abrirse la puerta quedé boquiabierta, el ambiente que se respiraba dentro era digno de admiración.

Las obras de arte llenaban las paredes de un amplio y luminoso pasillo que comunicaba con ambas partes del loft totalmente diferenciadas. Sin paredes que entorpecieran, la luz se dejaba ver por las cristaleras de la amplia terraza que se alzaba lo suficiente como para divisar el parque con árboles frondosos que asomaba tímidamente.

Olía a madera nueva. Las láminas grandes de parqué envejecido, las mesas y las lámparas de diseño eran la estampa de una estancia de lo más parecida a una galería de arte. La gran isla que asomaba en la cocina abierta completaba la armonía y el encanto que despertaba ese lugar.

Pedro había salido a recibirnos, elegante como siempre, con su americana color navy y su camisa azul celeste a juego con su bonitos y expresivos ojos. Ella, por su parte, nos esperaba sentada en su sofá de diseño.

Una bella dama de refinados modales, estilo incansable y rostro bello y añiñado como si el paso de los años no hubiera podido borrar la esencia de un espíritu muy avanzado para la época que le tocó vivir.

Todo en ella respira glamour, ese que no entiende de ostentaciones ni excentricidades. El puro estilo de quien lleva consigo la esencia de la distinción como sello de autenticidad.

Me encanta mirarla, sus ojos hablan de sueños, de viajes, de experiencias incontables, fiestas de sociedad, ópera y teatro. Hablan de amores a escondidas y, por encima de todo, conservan la mirada de una niña que sigue soñando y vibrando.

No puedo salir de mi asombro mirando todas las obras de arte y las figuras balinesas que decoran algunas de sus mesas de metacrilato. Todo parece tener su lugar apropiado. El aire respira belleza. Una belleza que ellos mismos reflejan en todo lo que les envuelve. La dulzura de su voz llena el aire de notas que llegan a mí como una auténtica melodía.

 

Hoy somos sus perfectos invitados.

 

Pedro descorcha una botella de Bellini que acompaña de unos delicatessen de queso italiano. Todavía guarda un gran recuerdo de sus años de juventud en Italia y así nos perdemos en una conversación entre risas, recuerdos e historias que me llenan de pasión y me conectan con una parte de mí que había ensombrecido desde hacía un tiempo: La ilusión por los sueños.

La ilusión por la vida, por esas pequeñas cosas que inspiran nuestro día a día para llenarlo de sentido y alegría. La apatía lleva tiempo apoderándose de mí, no termino de acostumbrarme a mi cambio de trabajo, a pasar jornadas laborales en soledad, a vivir sin el contacto de mis compañeros en mi día a día. A su vez, costumbres cotidianas van cogiendo terreno para dejar menos espacio a la improvisación y, con ello, se apoderan también de la frescura de esos días de júbilo e improvisación. La apatía es la cárcel de los sueños.

Y allí estaban Pedro y Waltraud de 76 y 88 años respectivamente conectándome con la pasión por vivir, enseñándome que no hay edad para nada y que los cánones solo habitan en la mente de quien decide seguirlos. Ellos eligieron, se equivocaran o no, una vida sin hijos. Apostaron por ellos mismos, por el arte, los viajes, la moda, el diseño… Hoy su hogar es el reflejo de dos adultos (que no ancianos) con un infinito culto a la vida. Una pareja sin edad, fascinados por la ópera, el arte y la cultura descorchando Bellini y brindando por la vida.

Hoy he sentido, de nuevo, el placer de la conexión con la inspiración y la creatividad como parte de uno mismo.

‘Es muy fácil’, me he dicho mientras brindaba: El termostato lo marca la pasión, el deseo, la alegría y la creatividad. A todo aquello que no contenga estos condimentos debemos darle el tiempo justo para conectarnos de nuevo con la verdadera ilusión de vivir.

 

 

Tratamiento Floral:

Wild Rose o flor del Cataño Silvestre nos aporta voluntad y alegría de vivir. La resignación y la falta de esperanza se apoderan, a veces, de nosotros provocando falta de energía, agotamiento físico y/o sensación de desidia y rendición. Llegar al punto de desmotivación y conflicto interno por haber perdido el interés por el mundo y por los demás agota la propia vitalidad.
La apatía llega a desconectar a la persona de su verdadera fuente de sanación interna. La esencia Wild Rose restaura las fuerzas del alma y la conexión con el cuerpo y el mundo físicos reconectando a la persona a recobrar el interés por su vida y a sentir la vida como una oportunidad preciosa y sagrada para disfrutar y vivir a través de la creatividad y la ilusión.

Gisella Gil

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