WILLOW: DEL RESENTIMIENTO A LA ACEPTACIÓN

Bailar con los cambios…

Nunca pensé que con 36 años estaría huérfana. Sí, huérfana.

Aunque es un término que se emplea siempre en niños parece que uno cuando se hace mayor ya no tiene ni derecho a eso.

Debes asumir lo que te venga, debes reaccionar como una persona adulta, debes saber hacerte cargo de ti misma porque ya eres mayor -y claro, ya no necesitas tanto el apoyo de tus progenitores-, debes saber tomar decisiones, comprender, aceptar, debes, debes, debes…

Mentira, todo esto es mentira -le decía indignada el otro día a Eva-.

 

¿Qué hay del sentirse hija? ¿Dónde queda ese momento en que arrimas la cabeza en el hombre de tu madre y sientes que nada malo va a pasarte? ¿Dónde está ese: ‘mamá que te parece eso’? o Mama me caso! o tantos otros momentos tan y tan necesarios.

¿Eso tiene edad? No, no tiene edad. Tiene momentos en los que cuando no has sufrido la pérdida ni tan siquiera sabes reconocer  que forman parte de esa seguridad que parece ser infinita. Cuando tienes algo, en el mejor de los casos, lo agradeces aunque la mayoría de veces lo das por hecho.

 

Cuando desaparecen de tu vida para siempre, cuando ni tan siquiera sientes que una lágrima te sea permitida (más allá de un tiempo clínicamente estipulado) por el simple hecho de ser “mayor”, ese día, se derrumba tu mundo por completo.

¿Hay gente que no le pasan esas cosas? -Le seguía diciendo-. Personas que pasan por la vida rodeadas de todo y sin echar de menos a nada ni a nadie. Vidas en las que todo sigue su curso natural y se desarrollan plácidamente.

Yo no quiero que me pase esto -le decía hace unos años a un amigo- entre lágrimas y sollozos, entre desgarros e incertidumbre.

Yo quiero mi vida, la que yo tenía, la de siempre. Yo quiero seguir disfrutando de todo lo que tengo, de ese amor, de esas risas, de la complicidad, de la vida en sí, del gozo, de los besos y abrazos, fiestas, comilonas interminables, viajes, domingos en familia… si ellos se van, todo eso terminará. Somos una familia muy unida ¿sabes?

 

¿Y tengo que aceptar que voy a quedarme sin eso? Es muy injusto.

 

No podía para de llorar y llorar ante lo que se avecinaba. Era demasiado dolor, demasiado desgarrador como para comprender desde un lugar llamado mente todo lo que estaba por venir. Era demasiado sentir desde lo más físico de mi ser y desde lo más profundo de mi alma que tenía que aceptar aquello que ni tan siquiera era capaz de imaginar.

 

Hoy han pasado 6 años y todavía hay días que me desmonto por completo intentando imaginar cómo podría haber sido mi vida si todo aquello no hubiera pasado… Si mis padres estuvieran sanos y a mi lado, si Alex viviera, si hubiera tirado adelante con duras decisiones en las que no había vuelta atrás…

La vida es aquello que sientes a cada paso, aunque hay pasos y decisiones, momentos y situaciones que cambiaran tu vida para siempre.

Cada uno siente lo suyo -me decía mi amiga-.

Por supuesto -le contesté-, por eso yo siento lo mío.

Un largo silencio se hizo entre las dos.

 

 

¿Resignación o resiliencia? 

 

 

Como resuenan estas dos palabras en estos momentos! Como si me tiraran dos ladrillos en la cabeza.

La vida es un cambio constante y hay que bailar al son que toca. Vivir intensamente con el amor de los recuerdos, el mejor sabor del mejor presente y la fe de las ilusiones y momentos que todavía están por venir.

Hay un dolor que nunca se va a ir y que tienes que aprender a convivir con él, hacerte su amigo y convertirlo en amor a cada paso -me decía mi coach el otro día-.

Eso es lo que intento Javier, convertir todo ese dolor en amor aunque a veces la rabia, el resentimiento, el hastío y la desesperanza se apoderan de mí.

Dejarte sentir y dejarte vencer esta bien -seguía él-, es soltar el ego para confiar en la vida y eso también es amor.

 

Tratamiento floral:

Willow es la flor por excelencia que “sana” la amargura y el resentimiento de los que en ciertas situaciones de la vida nos aferramos para quedar estancados emocionalmente en la desgracia, amargura, negación. Los que por dolor no pudimos transitar una situación que nos superó sin llegar a entender ¿para que tengo yo que vivir esto?. La toma de Willow nos permite que podamos fluir a nivel energético con la propia corriente de la vida y nos acompaña en el proceso para traspasar los puntos de inflexibilidad y tomar con responsabilidad, amor y entrega lo que la vida nos muestra detrás de ese dolor o victimismo.

Ser para traspasar aquellos momentos donde cuerpo y alma sienten el olvido de la vida.

Gisella Gil

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